Por Esinal Ediciones

Un olor se define como la sensación resultante de la recepción de un estimulo por el sistema sensorial olfativo. La manera en que es evaluada la respuesta humana a un olor depende de la propiedad sensorial particular que se está midiendo, incluyendo la Concentración, Intensidad, Carácter y Tono Hedónico de los olores. El efecto combinado de estas propiedades está relacionado con el grado de molestia (o placer) que pueden causar por los olores.

Durante las décadas de 1980 y 1990 en varias ciudades europeas sus gobernantes empezaron a preocuparse por la calidad del aire que respiraban sus habitantes. Se observó que los malos olores que se generaban en sus ciudades provocaban malestares dentro de la población: dolores de cabeza, molestias respiratorias y alteraciones psicológicas. Gracias a estas investigaciones los gobiernos de estas ciudades se percataron que los malos olores afectan el bienestar y calidad de vida de las personas.

En los últimos años el mundo ha experimentado un interés creciente alrededor de los cambios que el hombre produce en la atmósfera y las alteraciones en el balance ecológico terrestre, como consecuencia de no existir estudios e improvisar para hacer frente al desordenado progreso tecnológico

La contaminación por malos olores, o contaminación odorífera, ha aumentado en los últimos años en España y afecta a un 25% de la población, según los expertos. Este problema puede provocar varios efectos negativos para la salud. Diversos sistemas desarrollados en los últimos años sirven para detectar y tratar de forma científica los malos olores, y poder ayudar así a las poblaciones afectadas. La legislación tiene todavía mucho que mejorar, pero se están dando pasos para que los ciudadanos puedan defenderse ante este problema……….

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